lunes, agosto 21

 
Desde hace unos días me dedico a tirar recuerdos. Suelo elegir los que estaban olvidados, parecen de otro, o tienen un extraño color. Así que cada mañana me dirijo al sótano y rebusco entre los cajones, en las cajas sin etiquetar; en los rincones más apartados de la memoria. He encontrado manuscritos de cuando yo pretendía ser woody allen. Una foto de E. Sus regalos de cumpleaños. Mis dibujos. Los apuntes de la carrera, qué pérdida de tiempo. Los he metido todos en una bolsa de basura de color naranja, que olía a limón; todos, excepto sus regalos. La he atado con fuerza, para que no escapen. Y pensaba que ahora, que ya casi no tengo recuerdos, merecería la pena vivir. Pero no lo tengo nada claro, no.

Comentarios:
Me acabo de poner el disfraz de basurera y me voy con el camión pá tu calle.
¡Eso sí que va a ser un chute de yupi-yupi!
 
¡Si de verdad fuera tán fácil deshacerse de los recuerdos! Ya me dirás si te ha funcionado.
 
jummm de los apuntes de universidad ya hace mucho tiempo eh jejejejjeje da igual todo lo que tires o guardes... todo queda impreso en alguna parte del corazon. Jo que cursi me ha quedado pero... oye que es cierto que te lo digo yo! el corazon es el mas potente de los archivadores le cabe todo aunque no lo formatees.
Besazo de lunes en la oficina... no hay derecho quiero miis vacaciones!!!
 
Siempre merece la pena vivir.
Aunque sea para compartir recuerdos con personas como tú.
 
Vivir sin lastres parece muy sensato. Es un placer tirar cosas.
Respecto a merecer la pena vivir algunos no lo tienen tan claro. Desde aquí mi recuerdo agradecido a un gran cantautor que se nos ha marchado: Hilario Camacho.
 
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