viernes, mayo 6

 
Ramón.
sé que soy un poco quisquilloso, no puedo evitarlo. Me gusta que las puertas enrasen y los cajones encajen. Nadie es perfecto, y menos yo, pero los muebles y los recuerdos deben serlo.
Hoy un cajón del armario no se dejaba cerrar, hacía como efecto muelle, así que he decidido sacarlo. Detrás he encontrado unos calzoncillos dos tallas mayores, puede que mi mujer tenga un amante algo gordito que además sea despistado; un pañuelo de algodón de color azul con un marco rojo, yo y mi manía de no tirar los regalos de cumpleaños de mi abuela; una corbata de seda manchada de carmín, puede que deba cuidar quien se limpia los morros con mis prendas; y al fondo, hecho un ovillo, he encontrado a mi amigo Ramón; estaba encogido, sin moverse, casi sin respirar.
Hacía de tiempo que no sabía nada de él, qué alegria! Aún recuerdo la última vez que lo ví, fué en el parque de atracciones del tibidabo, una calurosa tarde de agosto, llena de sol pero vacía de luz.
Años antes, Ramón marcó la etapa azul de mi vida, la que nunca soñó Picasso. A su lado todo era psicotropia pura, era erótica desesperada de unos veinteañeros salidos. Eran perfiles de arañas con cuernos; era blanco sobre negro (Ramón es corazón de milkibar recubierto de puro cacao); eran excuriones a lo inesperado y lágrimas de cocodrilo en las esquinas del corazón, ébrios y agarrados con los dientes a las farolas del presente.
Cogidos de la mano descubrimos las américas, San francisco y las sonrisas verticales de las mujeres platino. Michigan y los ciclomotores que corrían por pistas de agua dulce. Detroit y los coágulos de sangre podrida que adornaban sus semáforos.
La última vez que me llamó Ramón, me convenció para que lo acompañara al tibidabo:
- Tienes que venir, he conocido a una chica increible, mataría por ella, es una pasada, creo que me voy a casar. Si vienes te la presentaré, te encantará.
Y fuí, no me hacía mucha gracia, porque me sentía un poco "vela", pero fui. Por verlo feliz hubiera ido al fin del mundo.
Y sin saber cómo, nos encontramos los tres en la cola del mismísimo pasaje del terror. Se llamaba nosequé de frediekrugger... era como el tren de la bruja-escoba, pero en moderno... Y esa fue la última vez que supe de Ramón, mientras la niña del exorcista aparentaba levitar en una habitación oscura, su novia y yo vimos como él echaba a correr como alma que persigue el diablo.
- Ramón!!! vuelveeeeeee -gritaba ella- Ramón... cabrón!!!!! Vuelveeee!!!!! No me dejes aquiiiiiiii, con este gilipollas y esta hijaputaaaaaaaaaa!!!!!!
Pero Ramón no volvió.

Nunca supe de él hasta hoy. Me ha preguntado si ya se había ido la del camisón que giraba la cabeza. Le he dicho que sí, y que la otra también. Me ha confesado que necesitaba comer pizza pepperoni en downtown chicago, que llevaba demasiado tiempo en ayunas y que cogería el tranvia. No me he atrevido a contrariarle. Hemos rescatado unas bud del congelador, unas chanclas del olvido, unos pantalones cortos con palmeras de todo a cien y nos hemos ido a vivir a muerte, que son tres días.

Comentarios:
Yo tengo una amiga en la nevera. Ella no sabe que lo sé pero yo le pongo las fresas cerquita porque sé que le gustan.
 
¿Me la presentas? Yo pongo la nata.
 
Pues eso, a disfrutar, que son dos días...
Besitos para ti y para Ramón
 
Si es que la niña del exorcista da mucho yu-yu.
¡¡Qué bien sienta buscarte por la mañana y echarse unas risas a estas horas ¡¡
 
Eh!! ¿Por qué no habéis avisado? Yo también hubiera podido rescatar un bikini de esos que ya tienen la goma gastada y unas gafas de sol con flor en una esquina. Yo también quería ir, jobar.

Un abrazo. Gracias por ser tan original :)
 
Ramones hay muchos, siempre salen cuando menos lo esperas de los lugares mas extraños. Si ya lo dice la rima Ramon eres un ....
Si me dais un minuto me planto el gorro de flores y me voy con vosotros.
Un besazo
 
Siempre aparecen cosas extrañas tras los cajones... Ramones, no, yo todavía no encontré ninguno, pero, no pierdo la esperanza.
Beso, corazón.
 
Acepto el cambio.
Este es mi beso:
muuuuuuuuuuuuaaccccccccccc!!!!!!
 
muack, cielo.
 
Encontrar amigos en los armarios, vestirse de palmeras y hacernos sonreír. Y luego dice que no sabe que significa vivir...
 
los amigos y los armarios son los que me ayudan a hacerlo.
 
las puertas, siempre, o abiertas o cerradas, los cajones encajados. nunca a medias, que después te las encuentras rotas detrás de los cajones, y son armas peligrosas porque en tan poco espacio de cajón muelle podría haberse ahogado ramón con el nylon... si vuelve a chicago o a san francisco me voy con él. prometo no escupir verde.
 
te paso a ti con ramon, como a mi con cristobal uqe me dejo tirao en la costa brava con dos inglesas, aciasss cristoballll!!! jo ;o)
 
Joder, cuánto os quiero. Con Ramón, la última noche acabó siendo diáfana y etérea, es lo que me encanta de él. Me ha dicho que me llamará, pero seguro que lo abduce un marciano. Voy a ver si rescato alguna foto en sepia y la cuelgo.
 
Que no, que no. Que después de coger el metro porque no encontró tranvía se vino a vivir a mi armario y se trajo a su madre, a su padre, a la abuela y a sus dos hermanos pequeños. Sus tíos y primos están al caer porque se han enterado de lo bien que viven aquí.

Que digo yo si me puedes hacer el favor de decirle a la de la cabeza dando vueltas y al frediekrugger que se den una vuelta por aquí, que tengo los cajones que no me encaja ni uno. ;-)
 
Creo que no te lo he dicho nunca... pero me gusta leerte.

Saludos blogueros.
 
Nunca lo habias dicho. Y hoy necesitaba oirlo.
 
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