miércoles, noviembre 3

 
Lo bueno, si breve... dos veces breve.
Pues bien, al final me he presentado con el tanga con un agua dada y con mi persona de ser yo mismo. La verdad es que lo de la tuna era buena idea, pero esas cosas hay que planearlas con tiempo, especialmente si vives en una isla desierta. En su lugar, conseguí que tres cangrejos violinistas tocaran los seis conciertos de Salzburgo al unísono, pero no era lo mismo, y al final decidí cocerlos y llevarlos en una fiambrera por si nos entraba hambre.

Llegué puntualmente a la isla, tal y como habíamos acordado, aunque ella ya me estaba esperando con una sonrisa que hacía palidecer a los reflejos del sol en la arena. No venía sola, la acompañaba un duende rubio, muy apuesto, simpático y revoltoso que no se cansaba de tomarnos de la mano para que corriéramos con él y jugáramos a espantar a las gaviotas. Entre risas de niños y miradas de amantes nos contamos al oido esas cosas que no se pueden escribir ni embotellar.

Durante mis noches de insomnio, había escrito un libro con las letras de las canciones que ella me había estado enviando, y he aprovechado la ocasión para dárselo, bien cosidito y encuadernado. Ella me ha regalado un punto de libro que había pintado con versos de poeta, rayos de luna llena y espuma de olas del mar.

El tiempo pasa muy rápido cuando eres feliz, y nos han sorprendido los susurros del guapísimo duende recordándonos que era hora de volver a nuestras islas. Para despedirnos, un roce y un aliento, que llevaré siempre clavados en el corazón.

Esta tarde me la he pasado caminando por la playa, con mi concha en la mano, oteando el horizonte buscando botellas y destellos.

Comentarios:
Los duendes siempre son los mejores amigos de los amantes, pero si no eres amigo de ellos no serás amante, por mucho que tú quieras ser y que ella también quiera ser. Es lo que tienen de malo los duendes.

Y hablando de regalos, es una grosería porque es muy íntimo, lo sé, pero no me resisto a pedirte que me enseñes ese punto de libro tan hermoso que te hizo con sus manos.

¿Para cuando la próxima cita?
 
ya sé, los cangrejos tocaron al revés y por eso preferiste cocerlos... jajajajajajaajajaja... el encuentro relatado suena bonito, mucho.

salud
 
Apostaría mi dedo meñique a que hubo miradas de esas que cuentan vidas enteras, vividas sin saber cómo ni porqué, como si fuera la vida la que nos vive en vez de vivirla nosotros a ella. Mi dedo anular a que el sol salió sólo para vosotros y las gaviotas sintieron envidia de tanta dicha. Y mi dedo corazón a que hoy existen dos personas un poquito más felices. Y seguro que no pierdo ninguno. Que más se puede pedir...?
 
..y también poeta.
¿Sabes? me imprimí el escrito de la botella y me lo llevé el viernes en tren hasta Barna,de donde salió.Qué gozada leerlo y mirar el mar con sus crestas plateades,que estoy como en una nube.
 
Eres un cielo. Un beso.
 
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